viernes, 18 de mayo de 2018

Si me buscan, no me van a encontrar...



Si me buscan, no me van a encontrar.
Si me encuentran, ese no soy yo.
Soy otro. Soy ajeno.
No soy el de antes:
Me han cambiado.
Ya no me huelen las flores a cal.
Ya el 
mar no me es indiferente.
Ya ignoro la vida consciente y
ya no reduzco mi vida a existir.
Para mí esta ciudad no tiene alma
o te llevaste mi alma en tus bolsillos.
Tal vez mi alma tampoco es la misma,
me la han cambiado.
Tal vez anda suelta y loca por correr sin destino,
por salir del cartón pueril protocolario,
por juntar piedras en el río
y hacer con ellas un caminito
en el que podás seguir,
sin pasos extraviados,
mi rastro infantil
y mi andar inadaptado.
Ya no tengo estabilidad:
¡Bendita inestabilidad!
Fue sacudido mi ser damnificado
y lo que queda de mí
ya no es más mío.
Si me buscan, no me van a encontrar.
Si me encuentran, ese no soy yo.
Soy otro. Soy ajeno.
No soy el de antes:
Ya no estoy.

miércoles, 9 de mayo de 2018

Oscuro


Cuántas calles de noche
en esta ciudad de plástico.
Cuántas palabras de marfil
sobre crepúsculos en gramas.
Cuántas miradas entretejidas
por horas entre versos y guitarras.
Cuántos silencios de mar
bajo el cielo tétrico nublado.
No hay peor amor que el que se queda en intención;
en la vaga ilusión de cambiar
lo que no pudo haber sido.
Soy un cúmulo de errores
marcados por las rimas poéticas
de memorias en carne viva.
Fuiste mi amor de verano en el invierno
y hoy estoy cantando el otoño en plena primavera.
Hoy te vas y al retorno volvés a tu casa,
a tu sol, a tus aires y tus amores.
Yo hoy me quedo aquí sin mis lunas,
sin mis mares, sin mis versos y sin vos.

lunes, 2 de abril de 2018

Un retrato familiar

De mis vivencias en el Festival Centroamérica Cuenta 2017

El jueves amanece temprano y caliente en Managua. En el cuarto día de Centroamérica cuenta 2017, el calor y la cantidad de actividades también aprietan a los escritores y a sus seguidores. En el pequeño, pero valioso seno de la historia y las ciencias sociales del país, el Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica (IHNCA), en la Universidad Centroamericana (UCA), se celebra un simposio sobre la literatura latinoamericana. A lo largo de las conferencias, los estudiosos exponen sus experiencias conjugando la historia, la cultura y las más grandes expresiones literarias desde el Popol Vuh hasta Ixcanul.

Ileana Rodríguez, investigadora del IHNCA, relacionó la importancia del reconocimiento del otro y sus representaciones en el arte centroamericano contemporáneo. Mientras que Julio Escoto para hacer alusión a los otros, narró una de sus experiencias durante los 80, en plena revolución nicaragüense. Recordó que por el bloqueo económico de la época se escasearon muchos productos de consumo. Entonces, todos los hombres sindicalistas reclamaban. Pero la agitación llegó a un punto peligroso, cuando se informó en las reuniones a la gente que los productos de maquillaje y de belleza también serían escasos y por supuesto, las primeras en reclamar fueron las mujeres. De ese reconocimiento del otro, de la otra, contó Escoto.


Antes de mediodía, en la Alianza Francesa, toma la palabra el francés Adelino Braz para la conferencia “El sentido de la existencia según Albert Camus: del absurdo a la rebelión”. Braz, doctor en filosofía, a quien las palabras y las ideas sobre Camus le surgían como soplos, los sesenta minutos fijados para la conferencia se le fueron volando. Sin duda, la influencia de Camus y Malraux en la literatura universal, es imprescindible, y esto se dejó sentir en los distintos conversatorios sobre estos autores.

Escuchar las jocosas conversaciones de los escritores y compartir con ellos comidas, paseos por la ciudad y hasta una que otra copa, no hizo más que revelar la cercanía entre los autores y sus lectores, esa magia de donde surgen sus personajes y las vivencias que han llevado a estos maestros de la escritura a tejer historias asombrosas.

II

El jueves después del almuerzo, a la hora en que Managua es presa del ruido ensordecedor del tráfico y de los buses abarrotados de esa tromba humana que viene de clases o simplemente anda buscándose la vida, los escritores se toman la fotografía de grupo.

El fotógrafo argentino Daniel Mordzinski, quien la noche anterior inauguró la exposición Objetivo Mordzinski, con decenas de retratos de escritores en el Centro Cultural de España en Nicaragua (CCEN), entre ellos Jorge Luis Borges, Mario Benedetti, Ernesto Sabato, Sergio Ramírez; ensaya ahora el retrato grupal de los autores que vinieron a este festival. “Foto de familia de la presente edición de Centroamérica cuenta, ¡tomada dentro de mi colegio Centroamérica”, escribió en su cuenta de Twitter el cantautor nicaragüense Hernaldo Zúñiga.

El calor derrite, exprime los cuerpos. Algunas escritoras vestidas con ropas de telas frescas usan los abanicos que han traído. De vez en cuando los comparten con sus colegas. Algunos, como buenos escolares, improvisan abanicos de papel. Como Sergio Ramírez, presidente del festival se demoró en llegar, Mordzinski tramó una broma en su contra. Les pidió a los autores que cuando llegara soltaran un sonoro “¡Uuuuuh!”, que se fundió en sonoras carcajadas. Y justo antes de hacer clic a la cámara, se aparece Andrés Neuman como teletransportado, sin proponérselo, su entrada intensificó el jolgorio.

En ese momento de recreo, antes de continuar con sus agendas, los escritores hablan de política, comparten experiencias personales. Managua es vista como una ciudad agridulce, misteriosa y hasta divertida por esos adornos metálicos de colores: los árboles de hojalata que se encuentran instalados en distintas avenidas y en las rotondas de la ciudad, y que llaman la atención de los ojos extranjeros desde antes de aterrizar en el aeropuerto.

Tras la pausa, cada uno busca sus respectivos buses para cumplir con la agenda trazada, aprovecho el momento para entablar una breve conversación con una de las narradoras.

— ¿Está ocupado ese espacio? Pregunté a la escritora costarricense Roxana Pinto que estaba sentada en los primeros asientos junto a la puerta del microbús.

— No, para nada, respondió. Lo que pasa es que la corriente de aire acondicionado va directo a ese espacio y no quiero que me dé a mí.

—Ah, pues perfecto, porque yo justo lo que ando buscando es un sitio donde refrescarme. Dije y nos partimos de la risa, acomodamos nuestros ”maritates” para no incomodarnos mutuamente.

De una plática sobre el clima, el menú del almuerzo y el calor terrible que hacía a esa hora, llegamos involuntariamente a conversar sobre dos de nuestras más grandes pasiones: las letras y la Diplomacia. Resulta que la escritora Pinto fue diplomática de su país en Francia por muchos años y yo me gradué de Diplomacia en la Universidad Americana de Managua (UAM). Y así, de repasar asuntos políticos, algunos avatares de la vida y sus experiencias literarias, ella me habló sobre su última novela Ida y vuelta, cuya protagonista es una joven pintora costarricense que vive en París y cuenta sus peripecias en la gran ciudad cosmopolita. Su intención como escritora fue retomar los miedos, las pasiones y la emoción aventurera de salir de la tierra propia y experimentar una nueva vida en otro país. Asimismo, matizado con la visibilización de quienes históricamente han sido discriminadas: las personas sexualmente diversas, las personas de piel oscura, entre otras, en una labor honorable de reconocimiento y valoración del otro.

Con los costarricenses Daniel Quiroz, escritor y profesor de literatura, y Fernando Chaves, periodista; optamos por considerar un café caliente en el pintoresco cafetín de la Alianza Francesa para climatizar el cuerpo, pero fracasamos en el intento. De lo que sí pudimos conversar, fue de nuestras perspectivas como centroamericanos y de los múltiples factores que aunque se crea que nos dividen, nos terminan uniendo.

III

La tarde cae y Piedad Bonnett, escritora colombiana, comparte conversatorio con otros autores “anfibios”, a los que se les llamó así porque deambulan entre la poesía y la novela, por su necesidad involuntaria de hacer versos y su compromiso literario de escribir prosa. Entre otras cosas, contó que su vocación de poeta surgió con prontitud en la adolescencia y que aún se levanta por las madrugadas a escribir los versos que surgen en su inconsciente, sobre todo en largas noches de insomnio. Junto con Andrés Neuman, Gioconda Belli y Mercedes Cebrián, develaron los secretos de usar a veces el sombrero de narrador y otras de poeta. Los autores se trataron con cierta familiaridad, sonrieron, fluyó una plática natural como la de amigos que sacan sus mecedoras y se sientan en una acera nocturna de León.

Ese tono de viejos conocidos, se mantuvo luego entre Sergio Ramírez Mercado, Neuman, Luis Leante y Eduardo Sacheri, autores de distintas novelas, pero todos con algo en común: ser premio Alfaguara en distintos años. Ramírez puso pistas sobre la mesa y los autores ahondaron en sus historias. Para Sacheri, con La noche de la Usina, novela premiada en el 2016, la tercera fue la vencida. Contó que antes de ganar el Premio Alfaguara, lo intentó dos veces. Mientras que Leante, quien escribió la novela Mira si yo te querré con la que ganó el premio en el 2007, dijo que la gira por muchos países que implica el premio, fue lo mejor. Conocer a tanta gente y tantos lugares, fue para él, el verdadero premio. En cambio, Neuman, autor de El viajero del siglo, obra premiada en el 2009, contó que cuando tuvo la certeza de que en realidad había ganado, se fue saltando y dando patadas al aire a una pelota de fútbol imaginaria.

Escrito para www.centroamericacuenta.com en mayo de 2017

Versos y pensamientos vagos

Nadie sabía hablar su lenguaje,
ni entender sus sollozos.
Nadie pudo jamás comprender sus pesares,
ni calmar sus ojos llorosos.
Nadie, nunca, pudo compartir sus dolores,
ni sus alegrías, ni sus gozos.

Nunca, nadie, nada. Porque no era de acá,
no hablaba nuestro idioma:
gritaba con los ojos,
amaba con la mirada.

Pensamientos vagos


Nunca me había resultado tan agridulce el humo de un cigarro. En realidad, lo extraordinario radica más bien en que me empiece a parecer dulce cuando hasta hace algunos días me era completamente repugnante. Pero es que nunca me había parecido tan encantador ser compañía de cigarros y nunca me había sido tan placentera la propuesta de acompañar a alguien mientras fuma, hasta hoy. Desde que recuerdo, considerando mi asma infantil y mi total ineptitud para aprender la mala practica del vicio, fumar me ha parecido absurdo, funesto y destructivo. Y posiblemente no deje de pensar que lo sea, pero es eso justamente lo que me sorprende. Nunca lo toleré entre mis amigos y siempre me costó acostumbrarme a alguien que lo hiciera, hasta hace quince minutos.
Cuando más racional uno se cree y más seguro de sus costumbres uno se siente, viene cualquier tifón a devolverte la vulnerabilidad y a hacerte sentir humano de nuevo, por muy extraño que suene y muy sin sentido parezca. Pero es que al fin y al cabo somos humanos y es necesario recordarlo y sentirlo en la vida, aunque solo suceda un par de veces. Más allá de querer sentirnos ángeles casi perfectos o seres infalibles y excepcionales en un mundo de errores (y de gente que los comete), volver a sentirse humano es volver a asumir gustosamente, aunque duela, la realidad que nos corresponde vivir. Digo aunque duela porque ser humano duele, es un exponente ineludible de la existencia, el dolor, y al ser ineludible es que mejor conviene encontrarle el gusto.
Una ciudad que no es la propia; una casa que no es la de uno; una gente que, a pesar de ser parte de mi propia raza, tampoco es la propia; y una cama vacía, deshecha y fría que, aún siendo cómoda, tampoco va a poder llegar a sentirse jamás como de mi propiedad. Y es así como las bocanadas de tabaco quemado resultan de una discreta propuesta como de quien hace el gesto de llevarse a la boca un cigarro apoyado entre los dedos, junto a una mirada de complicidad íntima y un ademán de entera y placentera disposición. De unos ojos que te miran, que casi hablan, pero que a la vez se esfuerzan por no ser descubiertos; que esconden una vida que parece ocultarse entre el silencio, un escudo de soledad auto impuesto y los chubascos de humo de cigarro, uno tras otro, día con día; chubascos que se transforman en el mejor perfume jamás anhelado.
Cuánto misterio esconden tan humanos y profanos gestos como de quien divaga, quien grita por dentro, te evita con los ojos, pero se presta apacible y temeroso de decir todo aquello que siente y piensa. Nada más duro que fingir desprecio e inercia cuando las almas brincan de emociones y en su lugar conviene más reprimirlas. Todos los cristos tienen sus cruces y nadie conoce enteramente sus via crucis, pero al final no resta más que conformarse con el humo del tabaco, la conversación protocolaria o el valor incalcublable del silencio. Dos almas no encuentran el clímax de la intimidad si no es escarbando en las profundas y valiosas rocas del silencio. Silencio bruto, maleable y pesado, como el oro producto de las condiciones extremas del núcelo colapsante de las supernovas, a través del tiempo y en el espacio. Y es ahí donde resulta más poderoso callar y dejar que mi silencio hable y dejarte hablar en el silencio tuyo.

Escrito en el último vagón de la línea amarilla del metro, después de un lunes vacío.

martes, 21 de marzo de 2017

Guardá estas letras...

Guardá estas letras como impresas en tatuaje,
como las cicatrices producto de los fierros, con calor,
con tinta permanente, con fuerza,
con fuego incandescente.
Guardá estas letras que salen desde el principio del ser,
de lo que vivo, de lo que represento;
letras como gotas de lluvia en el pavimento:
incisivas, directas;
letras que expresan sentimientos
y cuentos hechos versos.
Guardá estas letras para cuando no tengás aliento,
para cuando te canse la rutina
y queras tomar asiento
y recobrar fuerzas para seguir en esta carrera
de astros bastardos en el firmamento.
Guardá estas letras en tu alma, donde te quepan,
letras que nacen donde se originó el océano
algún día, si es que ya existía el tiempo.
Letras que surgen de las aguas donde alguna vez
se originó la vida,
vida de la que hoy soy portador
y de la que vos fuiste cocreadora.
Guardá estas letras porque es lo que tengo,
aunque te merezcás abecedarios
y robustos diccionarios,
bibliotecas polvosas y librerías profanas.
Guardá estas letras para cuando no te diga cuánto te quiera,
aunque para ello no basten todos los versos hasta hoy escritos,
ni todas las canciones hasta hoy entonadas.

Guardá estas letras por hoy, por siempre. 

miércoles, 1 de febrero de 2017

Para un cometa llamado Diana:


Ella no camina, ella danza;
ella adorna los cielos con sus giros y extasía a los humanos con su misterio,
ella es fuente de sagrados improperios y alumbra el espacio con sus respiros.
Ella vuela, ella levita;
ella infunde luz con su cabellera y derrama esencias por donde pisa,
ella inspira versos con su sonrisa y es capaz de captar la atención de cualquiera.
Ella no es como vos o como yo;
ella es serenidad y ruptura,
ella es incomprensión y hermosura, es vitalidad galáctica.
Ella viaja en el tiempo y en el espacio,
ella irrumpe con lo tradicional y lo sacro.
Ella encaja en la naturaleza artística y desafía todas las leyes de la física,
ella es canto, ella es cuento, es un cometa en el firmamento.
Ella sueña en verso y crea en rima, le da nombre a diosas de la mitología,
ella personifica el movimiento y le da sentido a la energía,
ella es luz, calor, distancia y armonía.
Ella produce escenarios impresionantes y da vida a las estrellas fugaces,
ella es a la vez  impredecible y constante,
no se sabe exactamente hacia dónde va, ni de dónde viene,
dónde nace, ni dónde muere.


Pedro S. Fonseca H.


lunes, 21 de noviembre de 2016

Memorias del pensadero: Elecciones 2006

Todavía recuerdo las elecciones en el 2006, cursaba el primer año del bachillerato y corría todos los días del Colegio a casa para lograr ver el noticiero de la 1:00 pm. Las elecciones se las disputaban un FSLN fortalecido por el dichoso pacto y una oposición dividida entre un ALN que, para entonces, constituía la mayor fuerza de oposición, un MRS debilitado por la muerte del candidato preferido (Herty Lewites), el PLC y otras organizaciones menos conocidas. Durante los recesos en el Colegio, incitaba a largas tertulias y debates entre mis compañeros sobre las elecciones, me encantaba saber lo que opinaban y hacia dónde apuntaban sus juicios. Para ese tiempo, yo todavía no votaba, pero no me perdía los noticieros, las encuestas y los detalles más relevantes de las propuestas presidenciales.

Tanto era mi afán, que la profesora de Ciencias Naturales me amonestó por llevar una pulsera anaranjada con las letras impresas “MRS” y me catalogó, exagerando, de “proselitista político”. Estaba tan maravillado por mis primeras elecciones conscientes (tenía 12 años), que sonsaqué a mi mamá para que me llevase a la reunión de campaña en la que cantaría el candidato a vicepresidente por aquel partido, Carlos Mejía Godoy. Para mí, era toda una fiesta y, curiosamente, yo no incitaba a nadie a votar por ningún partido, simplemente recomendaba razonar muy bien el voto.

También recuerdo que nunca me perdía aquella sátira política titulada “Los hulosos” que presentaban al final del noticiero estelar. Consistía en una representación de los candidatos políticos de aquel año y de los personajes más influyentes en aquellas elecciones utilizando máscaras hechas de hule. De ahí, supongo, su nombre “Los hulosos”. El impacto  de este programa en la sociedad nicaragüense fue tal, que muchos de los apodos que utilizaban para denominar a los personajes, todavía se utilizan para referirse a los políticos: El ratón, La Chamuca, El Bachi, etcétera.

En ese año logré descubrir ese elemento pasionario que tiene la Política. Yo estaba extasiado. Quería incidir en mi país, tenía la ilusión de saber que a través de los procesos políticos se pueden generar impactos positivos tangibles en la sociedad, quería que mis opiniones y mis demandas fuesen escuchadas, deseaba con todas las ganas andar de campaña en campaña escuchando las necesidades de nuestra gente tan empobrecida y, por supuesto, anhelaba votar.

Diez años después, me encuentro con las mismas caras hulosas en el poder, habiendo tanta gente joven capaz, con ideas innovadoras y con valores intrínsecos. Me encuentro decepcionado porque tiene muy poco sentido votar y mucho menos incitar a la gente a formar parte de una jugarreta electoral. Y eso no es todo lo preocupante, ¿qué vamos a hacer como sociedad con tantos niños y jóvenes que ansían votar y ser parte de un sistema político funcional? ¿Cómo vamos a hacer con esa pasión de generar cambios a través de la política? ¿Estamos cultivando esa pasión?

“Los buenos ciudadanos no nacen, se hacen.” (Spinoza) Y como nicaragüenses aún nos falta muchísimo por hacer para crear ciudadanos conscientes y empoderados. Es impresionante ver cómo indigna más una restricción de bebidas alcohólicas por ley seca, que el pisoteo de nuestros derechos políticos con el manoseo de nuestros votos y la perpetuación de personas corruptas en el poder.

sábado, 6 de agosto de 2016

Mi campaña es el voto nulo...


Es evidente que el contexto político nacional pre electoral se ha tornado muy complejo, sobre todo, en los últimos meses. La Nicaragua política del 2015 no se asemeja, ni en mínimos rasgos, a la Nicaragua política actual: el partido de oposición más fuerte cambió de representantes, los diputados electos democráticamente en 2011 y que conformaban la bancada de oposición en el Legislativo fueron despojados jurídicamente de sus cargos y el poder está concentrado mayormente en el Presidente Ortega y su esposa, candidatos a presidente y vicepresidenta respectivamente.

La estrategia política del actual presidente ha sido brillantemente elaborada, podrá ser muy nociva para nuestro Estado de Derecho, pero sin tanta palabrería, está basada en la legalidad. Nicaragua cuenta con un ordenamiento jurídico matizado y astutamente reformado para contribuirle a sus intereses, pero después de todo, legal, avalado por los cuatro grandes Poderes del Estado, de los cuales tiene completa soberanía.  Por su parte, la oposición se ha quedado sin Beatriz y sin retrato, no tienen personalidad jurídica, no tienen escaños en la Asamblea y cuentan con muy poca capacidad de convocatoria para las manifestaciones populares en contra del régimen.

No obstante, habemos muchos ciudadanos terriblemente indignados por la coyuntura sociopolítica nacional, muchos independientes, apartidistas y opositores al sistema que nos ha llevado a lo que vivimos. Entonces, ¿qué podemos hacer al respecto? Para el año 2006, no se me pasaba por la mente aconsejarle a alguien que no fuese a votar o que anulase su voto. Al contrario, le recomendaba aprovechar su derecho a elegir del que yo todavía no gozaba (tenía 12 años). Hoy por hoy, el panorama es muy distinto y, pese a gozar del derecho al voto, el derecho de los nicaragüenses a elegir, nos ha sido arrebatado.


La oposición formal, los independientes, los apartidistas y aquellos que simplemente están inconformes, tienen todavía a la mano una herramienta de manifestación impulsada también en muchos otros países: el voto nulo. Es muy cierto que contamos con un sistema electoral terriblemente viciado, vendido al orteguismo y sin la mínima credibilidad ciudadana. También es verdad que el partido de gobierno puede ganar las elecciones con la mayoría simple. Pero no puede oponerse a la real protesta masiva del abstencionismo o el voto nulo.

Para la politóloga mexicana Denise Dresser, “la anulación cuenta como un instrumento válido para sacudir, presionar, exigir y empujar a la profundización democrática que los partidos tanto resisten” o que, extrapolado a nuestro país, el partido de gobierno tanto resiste. Frenar el clientelismo, la corrupción, el conflicto múltiple de intereses, la nula rendición de cuentas, la represión de opiniones, la concentración de poder, los indicios dinásticos y muchos otros gérmenes que fragmentan nuestra sociedad torpemente construida, es una labor ciudadana que, a tres meses de la farsa electoral, va a ser muy complicada.

A los nicaragüenses aún nos queda este último recurso y a él pueden tener acceso incluso aquellos funcionarios públicos a quienes se les obliga a votar en favor del oficialismo. Si la función electoral todavía no cambia a esos extremos, el voto es secreto y votar nulo también es una forma de elegir, elegir un cambio, ejercer presión sobre el sistema y demostrarles a nuestros representantes que estamos inconformes.

Por su parte, conformar un movimiento nacional por el voto nulo sería el punto de partida para consolidar la iniciativa y, posteriormente, consensuar una plataforma de propuestas que traduzcan el malestar en acciones concretas constructivas. Votar, en las sociedades democráticas, es el medio básico por excelencia para materializar el ejercicio de las libertades y, anular el voto, es igual de legítimo y válido que votar tradicionalmente.

Anular el voto constituye una acción de protesta más allá de abstenerse de ir a las urnas. Ciertamente, como ciudadano, también se tiene la libertad de quedarse en casa y no ir al centro de votación, pero dado que muchos no apoyan a ningún partido y también se sienten con el compromiso de hacer algo decisivo por el país, la mejor alternativa es la anulación. En teoría, son los partidos políticos los garantes del ejercicio de los derechos civiles y políticos ciudadanos, pero en la práctica todos sabemos que no sirven para absolutamente nada.

Como ciudadano, también usted está en la libertad de asistir orgullosamente a las urnas y apoyar al oficialismo, o bien, puede desperdiciar su voto con alguno de los otros partidos de dudosa procedencia. Solo no olvide que su futuro, la educación de sus hijos, la atención en los hospitales, la cantidad de impuestos que paga y el manejo total del país, de su comunidad y de su propia casa van a estar en manos de una familia cuyo principal afán es enriquecerse y de diputados inservibles cuyas caras no volverá a ver jamás, sino hasta en las próximas elecciones.

Pedro S. Fonseca H.
Internacionalista y politólogo

miércoles, 15 de junio de 2016

El ataque a la diversidad

Respecto del atentado en Orlando y la masacre LGBT por manos del radicalismo islámico no había querido pronunciarme, en primer lugar, porque en medio de la furia, la frustración y la indignación, difícilmente podrían surgir las palabras prudentes y, en segundo lugar, porque todos hablan, todos tuitean, todos opinan y temía llegar a sostener verdades absolutas igual o más fundamentalistas que los propios pensamientos del terrorista.

Pero bueno, lo que no se puede poner en duda es que este avistamiento se ha tratado de un crimen de odio hacia un sector social desentendido y que ha sido particularmente víctima del odio, la intolerancia y la incomprensión por parte de la sociedad desde siempre. Por muy sorprendente que parezca, esta matanza ha sido simplemente la prolongación extrema de un trato hacia un sector de la sociedad considerado aberrante, antinatural y, por tanto, no merecedor de aceptación y, mucho menos, de derechos de ningún tipo. Y, aunque queramos hacernos de la vista gorda y admitir que en Nicaragua no hay matanzas o balaceras, el maltrato hacia los “distintos” y la discriminación por parte de “nosotros” hacia “esos” en nuestro país, es muy vigente y hasta legitimada.

Es necesario considerar que los problemas de Nicaragua, un país del cuarto mundo, son muy distintos a los de los países más desarrollados y que, mientras allá se preocupan por darles derechos a quienes nunca los han tenido, acá nos preocupamos por rebuscar el alimento, buscar la influencia en el Gobierno para conseguir algún trabajo y pedir láminas de zinc para que el invierno no moje a nuestras familias. Es cierto que pedirle a alguien que apenas y tiene qué comer trate de desaprender los estigmas sociales heredados de antaño como la discriminación y las fobias puede hasta ser ofensivo, pero más vale ir pensando qué hacer como sociedad para palear tanto maltrato o las consecuencias podrían ser fatídicas.

Nicaragua puede ser catalogada aún como una sociedad parroquial, ultra conservadora y clerical, sumisa ante el raquítico pensamiento del profesor, el cura, el pastor o el acalde e incapaz de pensar por sí misma. Es una realidad que entre nosotros no son toleradas las personas “diferentes” o aquellas que no reúnen ciertas características consideradas como “normales”; el “gordo” es motivo de burla, el “chaparro” (y a veces hasta por motivos de salud) es también motivo de burla, el “mongol” es motivo de burla, el “cochón”, el “negro”, la “beata”, el “manito quebrada”, la “marimacha” y ni hablar de las personas trans que hasta son vistas como cosas que jamás podrían llegar a ser personas.

Juzgar nuestros actos y pensamientos es un acto atrevido, pero necesario. Confrontar las ideas del profesor, del cura, del pastor o del alcalde es un acto atrevido, pero urgente entre nuestra sociedad. Y lo califico como atrevido porque criticar lo que uno más ama, defiende o predica es sumamente difícil, pero es eso o entonces dar paso a actuaciones como la de Orlando. Si la fe, la ideología o la enseñanza te obligan a marcar diferencias entre vos y tus cercanos, entonces estás doblemente obligado a repensar esa fe, esa ideología o esa enseñanza.

También debe tenerse en cuenta que nuestra sociedad nicaragüense no ha sido construida, sino más bien improvisada y que los valores democráticos, el respeto hacia las diversidades, la libertades individuales y, mucho menos, el respeto y la libertad hacia la diversidad sexual son aún temas tabú o medianamente asimilados. No obstante, es menester igualmente reconocer que hay muchas organizaciones que trabajan para construir esa sociedad que tanto anhelamos y que pretenden cambiarle el microchip a muchos ciudadanos que, por ignorancia, desconocen que se puede ser distinto, que los esquemas pueden romperse y que lo que una persona tiene entre las piernas no le define, como es el caso de las personas trans.

Volviendo al asunto del terrorismo, con respecto del Islam, me parece que es otro asunto que debe debatirse y su radicalismo es un parásito que debe erradicarse en su propio seno. Es alarmante que países musulmanes condenen la homosexualidad con la muerte y más del 90% de la población de algunos países islámicos considere la homosexualidad como un comportamiento moralmente erróneo. Por tanto, decir que el Islam no está detrás de los atentados terroristas es como decir que el propio Cristianismo no estuvo detrás de la Inquisición algunos años atrás.


 Si como sociedad mundial aún nos queda mucho trabajo por hacer, como sociedad nicaragüense nos queda muchísimo. Gracias a Dios, en las calles, en las bibliotecas, en las escuelas y universidades, uno se encuentra con personas amantes de las libertades, a profesores, curas, pastores y políticos que apuestan por una sociedad democrática y diversa, capaz de acoger e incluir a quienes han sido discriminados históricamente y empeñada en heredarle a nuestros hijos e hijas, no hipocresías morales y roles impuestos, sino valores éticos y humanos con mayores y mejores derechos y libertades.

Pedro S. Fonseca H.

domingo, 21 de febrero de 2016

Versos y pensamientos vagos...

La paz que respiro cuando duermo
se asemeja únicamente a la paz que de tu mirada se expande
cuando se encuentra con la mía.
La seguridad con la que me despierto
se parece a la certeza de mi alma
cuando tengo el calor de tu abrazo
en la noche fría de mi incertidumbre.
Más la caricia de tu ser
cuando de tu boca se desprende un te quiero,
frente a la neblina invernal
de mi corazón decepcionado...
No es posesión, no es secuestro, no es prisión, no es clandestino;
es ese desatino infantil de quererte siempre y para siempre,
es agradecerle a la vida de vivir y personificar un sentimiento,
es reír por dentro y bailar ante tu encuentro,
es vivir con vos y crecer yo en vos y vos en mí.
Ni vos, ni yo sabemos muy bien adónde vamos,
pero sabemos con firmeza de dónde venimos;
ni vos, ni yo por lo pronto lo decimos,
pero sabemos realmente en qué confiamos.
La vida se encarga de que encontremos
lo que quizá ni buscamos,
pero qué encuentro más sublime
que el de la plenitud y la felicidad que anhelamos.
Si hubiese un resumen de lo que gestamos,
dijese que lo nuestro es una canción;
una magistral rapsodia de movimientos sutiles,
entre altos y bajos, entre canto, armonía y son;
de composición inspirada y a veces hasta mal lograda,
de compases magistrales, de ensayo y error.

El autor

domingo, 15 de noviembre de 2015

Versos y pensamientos vagos...



Le confieso que no hay gesto más sublime que su cómplice mirada cuando nadie nos ve y sepa usted que uno de los más apreciados detalles que puede hacerme es llamarme por mi nombre.


Soy inerte, inconsistente, inacabado e inconsciente, soy muchas cosas. Soy incesante, ni tan inteligente, ni tan interesante, pero muy insistente, sobre todo cuando encuentro lo que quiero y, aún más, lo que necesito.


¿Cómo le digo que la medida de mi tiempo es directamente proporcional a las veces en que le tengo? No me importa que no me hable, me basta con saber que usted no deja de pensar en mí. Pero, ¿será que vale tanto la pena esperar? Por usted yo soy capaz de hacer no sólo lo que no puedo, sino de hacer lo que no quiero...

domingo, 18 de octubre de 2015

Y qué...

No sé qué tiene la vida
y qué tengo yo, que
vivirla no puedo.
Qué tiene el cielo
y qué tienen tus ojos
que cambian de color cada vez que los veo.
Qué tiene la lluvia
y qué tiene mi lágrima
que no paran de caer.
Qué tiene la música
y qué tiene el recuerdo
que me acercan a vos y me alejan de mí.
Qué tiene el azahar
y qué tiene tu perfume
que distraen mis pensares y sentidos.
Qué tiene la certeza
y qué tiene tu sonrisa
que disipa y ahuyenta mi melancolía.
Qué tiene la gaviota
y qué tiene tu palabra
que exacerba mi deseo de tenerte.
Mi deseo, sí, mi deseo
porque solamente se anhela
aquello que no se tiene y que tal vez,
solo tal vez, se ha tenido.
¿Cómo se hace para ser
si no sé qué hacer
cuando sos y hacés sin mí?
Que mientras no seas
y no hagas conmigo,
soñaré buscando el siendo.

martes, 13 de octubre de 2015

¡Si entendés estos 10 puntos sos un verdadero exMOEA!


Para tantos universitarios de todo el hemisferio que con seguridad vivieron en carne propia una de las experiencias internacionales que más marcaron su carrera y hasta su vida: el MOEA (Modelo de la Organización de los Estados Americanos).

Aquí, diez experiencias que sólo ellos podrán entender…


  1. Sos un experto en vistos, considerandos y resuelves.
  2. Seguro quedaste traumado hablando en tercera persona, ¿verdad que sí?
  3. Desarrollaste una extraordinaria capacidad para despertarte, arreglarte y transformarte en todo un embajador después de toda una noche de full party. (No lo negués).
  4. También te mordías la lengua cuando se te olvidaba el dichoso “cedo mi tiempo restante a la mesa”.
  5. Llegó un punto en que quisiste hasta declararle la guerra a otro país en pleno debate.
  6. Llegaste a considerar vender tu alma por una firma para tu resolución (yo sé que sí).
  7. Te sentías en House of cards de corbata y maletín negociando tu resolución. (Falda, plataformas y seducciones femeninas para las mujeres).
  8. Terminaste el MOEA y ya ni sabías si hablabas como peruano, venezolano, colombiano o chileno.
  9. Fuiste embajador por unos días y sabés que eso no tiene precio.
  10. Lo mejor de todo: hiciste más que amigos, hiciste hermanos de todos los rincones de las Américas que, a pesar del tiempo y la distancia, siempre serán tus amiguitos MOEA.



Éstas sensaciones con seguridad aún permanecen en el recuerdo de quienes vivieron al cien esta experiencia MOEA que produjo grandes amistades, grandes aprendizajes y grandes emociones.

De un exMOEA más

miércoles, 30 de septiembre de 2015

El alma que no sabe lo que busca

¿Dónde, cuándo y cómo va el alma?
¿Y por qué va?, dice el desasosiego,
que sumergido en penas, adolorido y sin calma,
recorre el perímetro vacío de tiempo.

Tiempo, ¿quién dijo tiempo?
El reloj se oculta en la penumbra de las horas,
se entristece el día en el calor del viento
y la sangre brota sobre la tarde que llora.

Y a pesar de la calidez del sueño
la impaciencia apremia
y el anhelo clama.

Las golondrinas vuelan
sobre el cielo en llamas
de pensamientos ruines y heridas sin cama.

El autor.

sábado, 19 de septiembre de 2015

Líderes absolutistas del siglo XXI

Actualmente, los conceptos de jefe, líder o director de alguna empresa o institución, en comparación al uso que se le daba otrora, han cambiado sobremanera y se mantienen en constante actualización según el contexto. En el siglo XVII, era común encontrarse con gobernantes absolutistas como el gran monarca Luis XIV cuyo absolutismo fue tal que llegó a resumir todos los componentes, derechos, facultades, riquezas y responsabilidades del Estado en una sola persona: él mismo; profiriendo su más afamada frase “el Estado soy yo”.

Los límites de una autoridad en el pasado eran muy escasos y el margen entre el rey y el subordinado era inmenso. Sin embargo, no sólo pasaba en las esferas monárquicas de los gobiernos de los estados, sino que sucedía también en las empresas, las oficinas, las iglesias, las familias y en todas las esferas en las que habían estratos, jerarquías o  estructuras. En el siglo pasado, aún, era muy común encontrarse con el típico jefe que te trataba, te hablaba y te miraba como si tu existencia no valiera nada y tu vida dependiera únicamente de él o de ella.

Pero, ¿en nuestros días creés que son válidas esas actitudes y esos tratos entre las autoridades y los subordinados? ...Lo mismo me pregunto yo.

En pleno siglo XXI, en el que se habla de un liderazgo eficaz y en el que las personalidades más adineradas y poderosas del mundo visten jeans y calzan deportivos, las figuras de autoridad absolutistas vienen cayendo más bien en la ridiculez. El estereotipo de jefe cada vez más va perdiendo legitimidad y está siendo reemplazado por la figura del líder, una persona capaz de administrar, no sólo recursos económicos y materiales, sino a un equipo de personas con los mismos derechos que él o que ella. Un líder es básicamente una persona entusiasta y emocionalmente inteligente que sabe gestionarse a sí mismo para poder gestionar a toda una empresa o a todo un país.

La tarea de un líder es siempre mantener la unidad del equipo. Si una autoridad en cualquier cargo tiende a dividir, en lugar de unir,  con seguridad no  estamos hablando de un buen líder. Y no precisamente un líder tiene que ser el Presidente de la República, un líder comunitario, el Director de una escuela o el jefe de una gran empresa, no, un líder puede ser el responsable de un equipo de trabajo en el colegio, el coordinador de algún proyecto o cualquiera que tenga bajo su responsabilidad a un equipo de personas con una misión en específico.

Y, como a veces es más fácil definir algo por lo que no es que por lo que es en sí, éstos cuantos factores contribuirán a definir las actitudes que jamás debe tener un líder:

  • Un líder jamás da órdenes y se sienta a esperar resultados, el líder distribuye responsabilidades y acompaña al equipo hasta culminar la misión.
  • Un líder no se cree más que nadie, el líder es simplemente un primus inter pares, es decir, el primero entre iguales.
  • Un líder jamás exalta el “yo”, habla de “nosotros”, habla del equipo y reconoce sus méritos.
  • Un líder no divide el equipo, el líder es el mayor responsable de mantener la cohesión entre las personas.
  • Un líder no es indispensable, el líder es consciente de su rol y de que es igual de importante que el resto.
  • Un líder nunca atenta contra las libertades y las convicciones de los demás, el líder comprende las personalidades y respeta la diversidad de opiniones.
  • Un líder no grita, un líder habla.
  • Un líder no resuelve los problemas con violencia, el líder dialoga y entiende.
  • Un líder no es eterno, el líder sabe que su principal responsabilidad es formar líderes que le sucedan.
  • Un líder no tiene subordinados, tiene iguales.
  • Un líder no se cree sabio absoluto, el líder está siempre abierto a aprender y a corregir sus errores.
  • Un líder no habla hacia abajo, habla de frente.
Y, finalmente:

  • Un líder no es perfecto, ni infalible, un líder es capaz de asumir sus errores, de reconocerlos y enmendarlos.

A partir de éstas cuantas letras empecemos entonces a reflexionar sobre nuestras experiencias de liderazgo y a cuestionar la labor de nuestros dirigentes nacionales e institucionales. Nicaragua necesita cada vez con más urgencia de buenos líderes capaces de administrar correctamente los recursos de nuestro pequeño, pero rico país. Y, como comparto siempre parafraseando a Francisco de Asís: empecemos haciendo lo necesario, luego lo posible y de repente estaremos haciendo hasta lo imposible, fomentando valores básicos de liderazgo y anteponiendo el diálogo a cualquier medida, poco a poco experimentaremos un verdadero cambio social para bien.

El autor.


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domingo, 30 de agosto de 2015

No sembremos papas para cosechar tomates

¿Qué es ser joven en Nicaragua?

Es una realidad que las nuevas generaciones contamos con muchísimas ventajas en comparación con las generaciones que nos antecedieron. Pertenecemos a la era digital, hemos venido presenciando una vasta serie de cambios en un tiempo mínimo cuando en las épocas pasadas sucedían únicamente en siglos o décadas, tenemos acceso a casi todo tipo de información y contamos con las herramientas necesarias para dejar de ser espectadores y convertirnos en protagonistas. Por lo tanto, ¿en nuestro país viene siendo un privilegio, un desafío, un reto o una ventaja ser joven?

Es preciso ser conscientes de las grandes limitaciones que se poseen, para luego diagnosticar la situación y el contexto particular en que nos encontramos y de ahí partir a encontrar una respuesta al problema en cuestión. Por una parte, los problemas estructurales de Nicaragua y que trascienden las fronteras de edad o género, son evidentes y tangibles. Entre ellos está la pobreza, la calidad de la educación, la desigualdad de género, etcétera. Sin embargo, por otra parte, también existen otros problemas coyunturales como el alcance de las drogas, el desempleo, la corrupción, la falta de democracia, entre otros.

Mientras mayor es la crisis, más grande es la oportunidad de salir adelante y, si la juventud actual hace uso prudente de todas las herramientas y privilegios que posee en torno a un objetivo definido, los resultados podrían ser inimaginables y capaces de transformar la historia de nuestro país. Contraponiéndose a los limitantes, la juventud nicaragüense tiene una enorme ventaja que radica en la riqueza cultural de la que Nicaragua es dotada. Asimismo, los jóvenes podemos ser testigos a primera voz de quienes protagonizaron la historia del siglo pasado, un privilegio que no todos los jóvenes de todos los países poseen.

Dicho lo anterior, resta únicamente educarse, formarse, discernir y formarse un criterio con respecto de lo que se quiere como país para que la nación en general pueda creer en la juventud y así ir desplazando a tantos nicaragüenses que le han hecho daño a nuestro país, contribuyendo al urgente cambio generacional en todos los sectores sociales. En un siglo XXI prometedor, lleno de avances científicos y tecnológicos, pero también de numerosos y grandes problemas como la destrucción del planeta, la desigualdad en todos los ámbitos, el racismo, etcétera, la juventud no puede actuar con indiferencia, ni recluirse en el universo paralelo virtual del internet y las redes.

Según Ortega y Gasset: “la juventud necesita creerse, a priori, superior. Claro que se equivoca, pero este es precisamente el gran derecho de la juventud”. La vida es constante ensayo y error y es la juventud la que tiene el derecho a cometerlos y el deber de enmendarlos. Por lo tanto, en Nicaragua, ser joven es más bien una oportunidad. Una gran oportunidad para marcar la diferencia, para ir creando nuevas facetas teniendo en cuenta nuestra historia únicamente para no repetirla, considerando los errores de las otras generaciones para no cometerlos de nuevo, para demostrarle al mundo que sí se puede transformar la mentalidad, el sentimiento y, con ello, la cultura que nos ha llevado a lo que somos.

Hoy más que nunca la juventud tiene el compromiso no sólo de cumplir las normas, sino de hacerlas. En un mundo que corre y no descansa, es la juventud la que debe ir tomando las decisiones, pero para ello es necesario fomentar el pensamiento crítico y renovar las bases fragmentadas de nuestra sociedad corrupta. Cada uno es libre de decidir en qué bando de la historia quiere estar y de definir los lineamientos a seguir a partir de los resultados que se pretendan conseguir. Lo que sí es seguro, es que si sembramos papas, no vamos a cosechar tomates.

El autor

sábado, 18 de julio de 2015

Patria libre o morir

Revolución Popular Sandinista, 19 de julio de 1979…


Fue más que una revolución, fue más que un movimiento libertario, fue más que el derrocamiento de un dictador sanguinario, fue más que una guerrilla. Fue la lección campesina antiimperialista, fue un pensamiento que se apoderó de una nación. Ideas de soberanía concebidas y materializadas en el pueblo, en el campesinado, en el proletariado, en el pobre. Fue un espíritu luchador que se impuso para sembrar la armonía transversal en una sociedad hastiada. Esa sociedad que por más de cuarenta años consecutivos sufriría de represión, esclavitud y muchas limitaciones más bien culturales, políticas e ideológicas que de otro tipo.

 Fue un verdadero resurgir de una nación completa, fue el triunfo de David frente a Goliat, fue el ejemplo heroico que llevaría a Nicaragua a los libros de historia universal. En fin, fue un hecho, fue un canto, fue un nombre: Sandino. Un hombre sencillo, pero líder, autor intelectual y militar de lo que constituiría posteriormente toda una cultura, una generación, un movimiento paralelo a la religión, un valiente hijo de Nicarao apodado para la posteridad como el General de hombres libres, cabeza e inspiración para muchos y quien inmortalizaría su pensamiento en una sola frase: “Yo quiero patria libre o morir”.

Hoy, a 120 años del nacimiento de Augusto C. Sandino y a 36 años del triunfo de la Revolución Popular Sandinista (o Revolución nicaragüense), el ideario, la intención y el espíritu que motivó algún día al sandinismo original, se han visto tergiversados, viciados y llevados a una expresión cínica para salvaguardar los intereses de quienes se han transformado en una idéntica imagen de los enemigos iniciales. Nicaragua se encuentra en una situación que, aunque ya ha sido experimentada en más de una ocasión a lo largo de casi 200 años como República independiente, no deja de ser totalmente funesta (o al menos para los que no se benefician de ella).

Un grupo reducido de personas en el poder, un solo Poder del Estado controlando al resto, instituciones corruptas y empresarios temerosos; violencia, torturas, atropellos contra la libertad de expresión y los Derechos Humanos; control absoluto de la toma de decisiones, negocios turbios del Gobierno y de quienes lo conforman, culto a la imagen y propaganda desmedida, discursos y palabras bonitas que al final solo son eso, palabrería, y un particular servilismo hacia países ajenos (lo que en un momento se denominaría “vende patria” o reflejos de imperialismo). Es ese el panorama en el que se encuentra el país triunfante de los dos primeros párrafos. Es en esto último en que se halla resumida aquella nación valiente que alguna vez se levantó y dijo “¡No!”.

Entonces, ¿por qué si Nicaragua ya experimentó estas escenas, insiste en repetirlas? La respuesta ciertamente se esconde en el subconsciente de cada ciudadano, de cada nicaragüense y lo único que los estudiosos de la sociología y la politología pueden ofrecer, son ciertas luces y pautas de una conducta de un colectivo en específico. No es casualidad que nuestra historia esté marcada por caudillos o “únicos”, que aspiran a ser o terminan siendo dictadores. La secuencia: elecciones democráticas-reformas constitucionales-reelecciones ilegítimas-guerra-derrocamiento, no es novedad. Desde inicios de la República con los otrora “timbucos” y “calandracas” (conservadores y liberales, respectivamente), ya se venía gestando una cultura política que se manifestaría en dos exponentes principales: José Santos Zelaya (proclamado héroe nacional) y la dinastía Somoza. 
Anastasio Somoza García y sus hijos herederos

Más allá de los datos históricos, lo que interesa es más bien desglosar el diseño cultural de la política que ha permitido éstos hechos y que al parecer tiene la intención de repetirlos. Por una parte, la indefinición ideológica de la sociedad es crucial para determinar su porvenir en la misma, hoy en día hay mucha gente en los partidos políticos sin tener mínima idea de la tendencia ideológica del mismo o peor, de su propia inclinación ideológica. La historia nos lo relata, la única diferenciación entre los conservadores y los liberales del siglo XIX era eso, el nombre y que pertenecían a dos ciudades históricamente enemigas, León y Granada. Un verdadero trasfondo ideológico en Nicaragua nunca ha existido, y cuando logró existir, allá por los años 80 del siglo pasado, se radicalizó y llevó a sus filas al fanatismo, que naturalmente desilusionaría luego al descubrirlo como una utopía.


Por otra parte, la necesidad infundada de un caudillo, de un salvavidas o la creencia de que un ser humano redentor puede curar todos los males y convertir las piedras en oro, es sumamente determinante para definir esos porqués. Cuando en la ciudadanía exista un verdadero pensamiento de trabajo arduo y se le den las condiciones para que alcance lo que persigue por medio de su esfuerzo, la figura del “superman” presidente ya no será necesaria. Asimismo, cuando se deje de estigmatizar a la política y exista una  consciencia crítica con respecto de ella, la sociedad podrá descubrir que la política la hace cada ciudadano y que ese hecho constituye el pasaporte para ir construyendo la historia de la que todos queremos formar parte. 
Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional reunida con Jorge Castañeda

Por ello, Nicaragua necesita buscar soluciones en lugar de perder el tiempo buscando culpables. Existe un enorme índice de pobreza que duplica el trabajo para quienes confiamos en un rediseño de nuestro país, pero eso no imposibilita nuestros ideales. La situación actual exige una nueva cultura ética que se contraponga a la viciada cultura política en que nos hemos venido encontrando. La nueva revolución debe ser eso, una revolución ética que construya y edifique sobre cimientos sólidos, para posteriormente trabajar en la educación y en el proyecto de país que anhelaban Sandino y todos aquellos que donaron su sangre por ésta nación formada con un pedazo de cielo.

A 36 años de la Revolución, hay más dudas que aciertos con respecto de nuestro país. Hoy en día no se puede festejar lo que encierra el sentimiento de una verdadera fiesta nacional por encontrarse monopolizada por un porcentaje minoritario de la ciudadanía y peor aún, muchos le han perdido el sentido a esta gran fiesta y la maldicen a causa de quienes se han encargado de manchar su nombre y opacar el nombre de sus héroes. Para aquellos que no podemos salir a las calles y ondear banderas que no sean del color oficialista, nos queda celebrar en secreto a través del universo paralelo de las redes, confiando en que o tendremos patria libre o moriremos.


Pedro Salvador Fonseca Herrera