domingo, 21 de febrero de 2016

Versos y pensamientos vagos...

La paz que respiro cuando duermo
se asemeja únicamente a la paz que de tu mirada se expande
cuando se encuentra con la mía.
La seguridad con la que me despierto
se parece a la certeza de mi alma
cuando tengo el calor de tu abrazo
en la noche fría de mi incertidumbre.
Más la caricia de tu ser
cuando de tu boca se desprende un te quiero,
frente a la neblina invernal
de mi corazón decepcionado...
No es posesión, no es secuestro, no es prisión, no es clandestino;
es ese desatino infantil de quererte siempre y para siempre,
es agradecerle a la vida de vivir y personificar un sentimiento,
es reír por dentro y bailar ante tu encuentro,
es vivir con vos y crecer yo en vos y vos en mí.
Ni vos, ni yo sabemos muy bien adónde vamos,
pero sabemos con firmeza de dónde venimos;
ni vos, ni yo por lo pronto lo decimos,
pero sabemos realmente en qué confiamos.
La vida se encarga de que encontremos
lo que quizá ni buscamos,
pero qué encuentro más sublime
que el de la plenitud y la felicidad que anhelamos.
Si hubiese un resumen de lo que gestamos,
dijese que lo nuestro es una canción;
una magistral rapsodia de movimientos sutiles,
entre altos y bajos, entre canto, armonía y son;
de composición inspirada y a veces hasta mal lograda,
de compases magistrales, de ensayo y error.

El autor

domingo, 15 de noviembre de 2015

Versos y pensamientos vagos...



Le confieso que no hay gesto más sublime que su cómplice mirada cuando nadie nos ve y sepa usted que uno de los más apreciados detalles que puede hacerme es llamarme por mi nombre.


Soy inerte, inconsistente, inacabado e inconsciente, soy muchas cosas. Soy incesante, ni tan inteligente, ni tan interesante, pero muy insistente, sobre todo cuando encuentro lo que quiero y, aún más, lo que necesito.


¿Cómo le digo que la medida de mi tiempo es directamente proporcional a las veces en que le tengo? No me importa que no me hable, me basta con saber que usted no deja de pensar en mí. Pero, ¿será que vale tanto la pena esperar? Por usted yo soy capaz de hacer no sólo lo que no puedo, sino de hacer lo que no quiero...

domingo, 18 de octubre de 2015

Y qué...

No sé qué tiene la vida
y qué tengo yo, que
vivirla no puedo.
Qué tiene el cielo
y qué tienen tus ojos
que cambian de color cada vez que los veo.
Qué tiene la lluvia
y qué tiene mi lágrima
que no paran de caer.
Qué tiene la música
y qué tiene el recuerdo
que me acercan a vos y me alejan de mí.
Qué tiene el azahar
y qué tiene tu perfume
que distraen mis pensares y sentidos.
Qué tiene la certeza
y qué tiene tu sonrisa
que disipa y ahuyenta mi melancolía.
Qué tiene la gaviota
y qué tiene tu palabra
que exacerba mi deseo de tenerte.
Mi deseo, sí, mi deseo
porque solamente se anhela
aquello que no se tiene y que tal vez,
solo tal vez, se ha tenido.
¿Cómo se hace para ser
si no sé qué hacer
cuando sos y hacés sin mí?
Que mientras no seas
y no hagas conmigo,
soñaré buscando el siendo.

martes, 13 de octubre de 2015

¡Si entendés estos 10 puntos sos un verdadero exMOEA!


Para tantos universitarios de todo el hemisferio que con seguridad vivieron en carne propia una de las experiencias internacionales que más marcaron su carrera y hasta su vida: el MOEA (Modelo de la Organización de los Estados Americanos).

Aquí, diez experiencias que sólo ellos podrán entender…


  1. Sos un experto en vistos, considerandos y resuelves.
  2. Seguro quedaste traumado hablando en tercera persona, ¿verdad que sí?
  3. Desarrollaste una extraordinaria capacidad para despertarte, arreglarte y transformarte en todo un embajador después de toda una noche de full party. (No lo negués).
  4. También te mordías la lengua cuando se te olvidaba el dichoso “cedo mi tiempo restante a la mesa”.
  5. Llegó un punto en que quisiste hasta declararle la guerra a otro país en pleno debate.
  6. Llegaste a considerar vender tu alma por una firma para tu resolución (yo sé que sí).
  7. Te sentías en House of cards de corbata y maletín negociando tu resolución. (Falda, plataformas y seducciones femeninas para las mujeres).
  8. Terminaste el MOEA y ya ni sabías si hablabas como peruano, venezolano, colombiano o chileno.
  9. Fuiste embajador por unos días y sabés que eso no tiene precio.
  10. Lo mejor de todo: hiciste más que amigos, hiciste hermanos de todos los rincones de las Américas que, a pesar del tiempo y la distancia, siempre serán tus amiguitos MOEA.



Éstas sensaciones con seguridad aún permanecen en el recuerdo de quienes vivieron al cien esta experiencia MOEA que produjo grandes amistades, grandes aprendizajes y grandes emociones.

De un exMOEA más

miércoles, 30 de septiembre de 2015

El alma que no sabe lo que busca

¿Dónde, cuándo y cómo va el alma?
¿Y por qué va?, dice el desasosiego,
que sumergido en penas, adolorido y sin calma,
recorre el perímetro vacío de tiempo.

Tiempo, ¿quién dijo tiempo?
El reloj se oculta en la penumbra de las horas,
se entristece el día en el calor del viento
y la sangre brota sobre la tarde que llora.

Y a pesar de la calidez del sueño
la impaciencia apremia
y el anhelo clama.

Las golondrinas vuelan
sobre el cielo en llamas
de pensamientos ruines y heridas sin cama.

El autor.

sábado, 19 de septiembre de 2015

Líderes absolutistas del siglo XXI

Actualmente, los conceptos de jefe, líder o director de alguna empresa o institución, en comparación al uso que se le daba otrora, han cambiado sobremanera y se mantienen en constante actualización según el contexto. En el siglo XVII, era común encontrarse con gobernantes absolutistas como el gran monarca Luis XIV cuyo absolutismo fue tal que llegó a resumir todos los componentes, derechos, facultades, riquezas y responsabilidades del Estado en una sola persona: él mismo; profiriendo su más afamada frase “el Estado soy yo”.

Los límites de una autoridad en el pasado eran muy escasos y el margen entre el rey y el subordinado era inmenso. Sin embargo, no sólo pasaba en las esferas monárquicas de los gobiernos de los estados, sino que sucedía también en las empresas, las oficinas, las iglesias, las familias y en todas las esferas en las que habían estratos, jerarquías o  estructuras. En el siglo pasado, aún, era muy común encontrarse con el típico jefe que te trataba, te hablaba y te miraba como si tu existencia no valiera nada y tu vida dependiera únicamente de él o de ella.

Pero, ¿en nuestros días creés que son válidas esas actitudes y esos tratos entre las autoridades y los subordinados? ...Lo mismo me pregunto yo.

En pleno siglo XXI, en el que se habla de un liderazgo eficaz y en el que las personalidades más adineradas y poderosas del mundo visten jeans y calzan deportivos, las figuras de autoridad absolutistas vienen cayendo más bien en la ridiculez. El estereotipo de jefe cada vez más va perdiendo legitimidad y está siendo reemplazado por la figura del líder, una persona capaz de administrar, no sólo recursos económicos y materiales, sino a un equipo de personas con los mismos derechos que él o que ella. Un líder es básicamente una persona entusiasta y emocionalmente inteligente que sabe gestionarse a sí mismo para poder gestionar a toda una empresa o a todo un país.

La tarea de un líder es siempre mantener la unidad del equipo. Si una autoridad en cualquier cargo tiende a dividir, en lugar de unir,  con seguridad no  estamos hablando de un buen líder. Y no precisamente un líder tiene que ser el Presidente de la República, un líder comunitario, el Director de una escuela o el jefe de una gran empresa, no, un líder puede ser el responsable de un equipo de trabajo en el colegio, el coordinador de algún proyecto o cualquiera que tenga bajo su responsabilidad a un equipo de personas con una misión en específico.

Y, como a veces es más fácil definir algo por lo que no es que por lo que es en sí, éstos cuantos factores contribuirán a definir las actitudes que jamás debe tener un líder:

  • Un líder jamás da órdenes y se sienta a esperar resultados, el líder distribuye responsabilidades y acompaña al equipo hasta culminar la misión.
  • Un líder no se cree más que nadie, el líder es simplemente un primus inter pares, es decir, el primero entre iguales.
  • Un líder jamás exalta el “yo”, habla de “nosotros”, habla del equipo y reconoce sus méritos.
  • Un líder no divide el equipo, el líder es el mayor responsable de mantener la cohesión entre las personas.
  • Un líder no es indispensable, el líder es consciente de su rol y de que es igual de importante que el resto.
  • Un líder nunca atenta contra las libertades y las convicciones de los demás, el líder comprende las personalidades y respeta la diversidad de opiniones.
  • Un líder no grita, un líder habla.
  • Un líder no resuelve los problemas con violencia, el líder dialoga y entiende.
  • Un líder no es eterno, el líder sabe que su principal responsabilidad es formar líderes que le sucedan.
  • Un líder no tiene subordinados, tiene iguales.
  • Un líder no se cree sabio absoluto, el líder está siempre abierto a aprender y a corregir sus errores.
  • Un líder no habla hacia abajo, habla de frente.
Y, finalmente:

  • Un líder no es perfecto, ni infalible, un líder es capaz de asumir sus errores, de reconocerlos y enmendarlos.

A partir de éstas cuantas letras empecemos entonces a reflexionar sobre nuestras experiencias de liderazgo y a cuestionar la labor de nuestros dirigentes nacionales e institucionales. Nicaragua necesita cada vez con más urgencia de buenos líderes capaces de administrar correctamente los recursos de nuestro pequeño, pero rico país. Y, como comparto siempre parafraseando a Francisco de Asís: empecemos haciendo lo necesario, luego lo posible y de repente estaremos haciendo hasta lo imposible, fomentando valores básicos de liderazgo y anteponiendo el diálogo a cualquier medida, poco a poco experimentaremos un verdadero cambio social para bien.

El autor.


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domingo, 30 de agosto de 2015

No sembremos papas para cosechar tomates

¿Qué es ser joven en Nicaragua?

Es una realidad que las nuevas generaciones contamos con muchísimas ventajas en comparación con las generaciones que nos antecedieron. Pertenecemos a la era digital, hemos venido presenciando una vasta serie de cambios en un tiempo mínimo cuando en las épocas pasadas sucedían únicamente en siglos o décadas, tenemos acceso a casi todo tipo de información y contamos con las herramientas necesarias para dejar de ser espectadores y convertirnos en protagonistas. Por lo tanto, ¿en nuestro país viene siendo un privilegio, un desafío, un reto o una ventaja ser joven?

Es preciso ser conscientes de las grandes limitaciones que se poseen, para luego diagnosticar la situación y el contexto particular en que nos encontramos y de ahí partir a encontrar una respuesta al problema en cuestión. Por una parte, los problemas estructurales de Nicaragua y que trascienden las fronteras de edad o género, son evidentes y tangibles. Entre ellos está la pobreza, la calidad de la educación, la desigualdad de género, etcétera. Sin embargo, por otra parte, también existen otros problemas coyunturales como el alcance de las drogas, el desempleo, la corrupción, la falta de democracia, entre otros.

Mientras mayor es la crisis, más grande es la oportunidad de salir adelante y, si la juventud actual hace uso prudente de todas las herramientas y privilegios que posee en torno a un objetivo definido, los resultados podrían ser inimaginables y capaces de transformar la historia de nuestro país. Contraponiéndose a los limitantes, la juventud nicaragüense tiene una enorme ventaja que radica en la riqueza cultural de la que Nicaragua es dotada. Asimismo, los jóvenes podemos ser testigos a primera voz de quienes protagonizaron la historia del siglo pasado, un privilegio que no todos los jóvenes de todos los países poseen.

Dicho lo anterior, resta únicamente educarse, formarse, discernir y formarse un criterio con respecto de lo que se quiere como país para que la nación en general pueda creer en la juventud y así ir desplazando a tantos nicaragüenses que le han hecho daño a nuestro país, contribuyendo al urgente cambio generacional en todos los sectores sociales. En un siglo XXI prometedor, lleno de avances científicos y tecnológicos, pero también de numerosos y grandes problemas como la destrucción del planeta, la desigualdad en todos los ámbitos, el racismo, etcétera, la juventud no puede actuar con indiferencia, ni recluirse en el universo paralelo virtual del internet y las redes.

Según Ortega y Gasset: “la juventud necesita creerse, a priori, superior. Claro que se equivoca, pero este es precisamente el gran derecho de la juventud”. La vida es constante ensayo y error y es la juventud la que tiene el derecho a cometerlos y el deber de enmendarlos. Por lo tanto, en Nicaragua, ser joven es más bien una oportunidad. Una gran oportunidad para marcar la diferencia, para ir creando nuevas facetas teniendo en cuenta nuestra historia únicamente para no repetirla, considerando los errores de las otras generaciones para no cometerlos de nuevo, para demostrarle al mundo que sí se puede transformar la mentalidad, el sentimiento y, con ello, la cultura que nos ha llevado a lo que somos.

Hoy más que nunca la juventud tiene el compromiso no sólo de cumplir las normas, sino de hacerlas. En un mundo que corre y no descansa, es la juventud la que debe ir tomando las decisiones, pero para ello es necesario fomentar el pensamiento crítico y renovar las bases fragmentadas de nuestra sociedad corrupta. Cada uno es libre de decidir en qué bando de la historia quiere estar y de definir los lineamientos a seguir a partir de los resultados que se pretendan conseguir. Lo que sí es seguro, es que si sembramos papas, no vamos a cosechar tomates.

El autor